Quizás podamos coincidir

Cuando el viento sople muy fuerte y
el frío devore tu piel,
cuando tus pupilas dejen de ser poesía y
la pluma cascada mi salida,
cuando tu corteza reclame mis noches
y no tengas con quien mirar la luna,
cuando el bar de la esquina este cerrado
y las putas quieran cobrarte,
cuando dejes de burlar la suerte
 y te topes con mis versos,
cuando el whisky no te sepa a nada
y la nicotina deje de ser tu vicio,
cuando Kalahari rompa el silencio
y en Paris no puedas encontrarme,
cuando tus labios necesiten los míos
y tus manos dibujen mi silueta,
cuando los dados dejen de ser azar
y tus pasos aventureros,
cuando Sirio deje de iluminar el cielo
y tus huellas el camino,
cuando ya no te acuerdes de mi,
ni yo de ti,
entonces,
quizás,
podamos coincidir.

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Desde esa noche

Aquella mirada tuya, penetrante y profunda
 que me seduce y me devora con
 cada parpadeo,
Que me desviste y consume entre las sabanas
y la melodias de tu habitación a oscuras.

Tus manos tibias besando las mías,
transformando universos al recorrer
las calles de mi piel desnuda,
Me quitas la falda, me deshago
de tu pantalón,
tus dedos víctimas de aquellos rincones
que los dos conocemos y repasamos
una y otra vez hasta fundirnos.

Mirarte a los ojos,
un instante, mientras saboreo
el bendito elixir de tu cuerpo y
me convierto en cenizas.

Entonces, sonrío;
Mis labios apenas te rosan y
la humedad que los acompaña
se desborda,
te beso la espalda,
araño la cama,
mi lengua recorre tu cuerpo
y escribe tu nombre.

Quiero frenar el reloj,
congelo los minutos que pasamos
en tu cama; en silencio;
me drogue con tus besos,
le diste cuerda a estás ganas
de amanecer a tu lado
la mitad de semana
 y los días restantes
 inventándote en estos versos.

Tu piel y mi piel
 desencadenan el infierno,
entre el corredor de mis piernas
y la exquisitez del calor de tus brazos.
Quiero que quieras volver a mi cuerpo
 cada día, cada noche,
 sin tiempo y sin miedo;
  sin preguntas y sin respuestas.

Permíteme confesarte que
me hiciste vibrar,
que despertaste mis demonios
y no te quieren soltar,
que me hiciste reir, cantar y bailar,
que besaste mis labios secos
y olvidados,
que me gusta tu seguridad y simpleza,
Que me encanta tu fuego y
tu forma de besar,
que me diste mil motivos para versarte.

Y desde esa noche quiero descubrirte,
 no sólo en la cama si no en el alma.

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Puntos suspensivos

He andado sobre espinas
y me he lastimado tanto,
tantas veces,
que mis latidos
han perdido fuerza.
He probado el sabor amargo
de la rutina
y he olvidado mirarme al espejo.
He contado tantas historias

y en ninguna me he encontrado.

He escapado sin despedirme
y no he vuelto a mirar atrás,
he amado tanto que el
odio me ha perseguido,
sosteniendo con fuerza
para golpearme
 contra
 el

 recuerdo.

He llorado
un millón de veces
y cuando ha salido el sol,
no me he reconocido.
He gritado tanto
que he olvidado el
silencio de

mis pasos en la arena.

Me he arrepentido tantas veces
que cuando me he dado cuenta
ya
 ha
 sido
demasiado
 tarde.
He tropezado con el pasado
y ha dejado marcas

en las suelas de mis zapatos.

 Me he fallado en distintas ocaciones
pero he aprendido a quererme en
los días de llueva.
He perdido la cabeza
pero me he encontrado
entre las hojas de mis

 sueños más bonitos.

Me he caído tantas veces
pero he retomado el vuelo,
Más alto,
Más fuerte,
el viento ha rosado mi cara,
y la luna prometido

 el mañana.

He sucumbido,
pero ahora sé renacer
entre risas y memorias,
entre sueños e ilusiones,

entre grises y colores.

Hoy
He desafiado al miedo
y he pactado con el tiempo.
Y ahora todos mis días
 tienen tres puntos

 suspensivos…

Mis brazos necios

No es el sabor de tus labios,
ni la perfección de tus manos,
no es el color de tu piel y
mucho menos el brillo en
tus ojos,
no es la tinta en tus brazos,
ni tu voz, ni tu olor.
No es tu pelo oscuro,
ni tu espalda, ni tu sexo.
no es tu lengua trazando senderos
en las curvas mi piel desnuda,
ni tu pecho, ni tu boca.
No es tu aliento
estremeciendo mis sentidos,
ni tus pies descalzos.
no es el fuego de nuestros cuerpos,

ni el infiernos que desataron.

No son estos brazos necios,

Ni mi papel ni mi tinta.

… Es la manera en que te

transformaste en poesía…

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Estas ganas de verte

Tú eras poesía
y yo moría por leerte.

Lo recuerdo,
era una tarde de septiembre
cuando nos vimos
 por primera vez.
No soy buena actriz,
intente despistarte pero
los nervios tenían el protagónico
y mis ojos luchaban por
no mirar.

No era lo que hablabas,
era la forma en que lo hacías,
no era el perfecto café de tus ojos,
era la forma en que me veían,
no era el grueso de tus labios,
era la forma tan absurda en
que los deseaba,
No era el lugar, eras tú.

No era la forma en que
tus manos dibujaban
mi silueta,
era la valentía con la que
envolvían mi cintura.
No era lo tibio de tus besos,
era la forma en que
me dejaban sin aliento.
No era el fuego de nuestros
cuerpos unidos,
era el infierno que
desataban.

No, no me dan miedo estas
ganas de verte,
lo que me asusta es que
no se vayan jamás.

Te confieso

Te confieso que esos 19 días y 500 noches
de las que habla Joaquín Sabina,
ya no me desbordan;
que esa tarde que hice mis maletas
el silencio hizo tanto ruido,
que no escuche mis pasos
cruzando la puerta del olvido.

También te confieso
que aquellas fotos viejas
dejaron de perforar mis pupilas,
que ya no te invento cada noche
y tampoco te imagino en el mañana.
Que ya no miro tu silueta al borde
de mi cama luchando por no caerse,
pues sin notarlo,
hace meses que es primavera.

Aprendí a bailar bajo la lluvia
y por suerte
 a mirarme sin mirarte.

Esta mañana desperte
con los ojos más abiertos que nunca,
con una sonrisa devoradora,
con los labios resecos pero no me dolían,
Con las manos tibias y el alma tranquila;
Con un último suspiro
mancando el punto final.
Entonces;
lo supe,
no me quedaba duda,
Ya te he olvidado.

Pero no tengas miedo mi amor,
que aunque yo ya no te recuerde
 mis versos y mi tinta no te olvidarán.
.

Déjame en silencio

Yo no quiero que te quedes
a mi lado los viernes por la noche,
quiero hacer de tus domingos 
un viaje sin regreso.
 
Yo no quiero verte una vez
por semana, 
quiero que me extrañes tanto 
que tus manos dibujen el camino
hasta tu boca.
 
Yo no te quiero para toda la vida,
quiero que te quedes todo lo 
que quieras, 
sin medida, 
sin tiempo, sin miedo, 
sin condiciones
sin regreso.
 
Yo no quiero hacerte el amor,
quiero que el amor
 nos haga a nosotros.
 
Yo no quiero enamorarte, 
quiero ser la razón de tu 
felicidad, 
que te rias a carcajadas,
que subas, que bajes, 
que te guste mi sonrisa, 
que te pongas nervioso, 
que no le temas al tiempo,
ni a mis besos. 
 
Yo no quiero ser tu cárcel, 
quiero ser la única mujer
con la que te sientas libre.

 
Yo no quiero detenerte, 
quiero que te vayas cuando
no encuentres más motivos
para quedarte,
que desafíes al miedo,
que juegues con el tiempo,
que maldigas estos versos.

 
Yo no quiero contarte mi vida, 
quiero que escribas la tuya a mi lado,
que dibujes un sendero en el túnel 
de mis piernas, 
y lo recorras para encontrarte 
cada noche.

Yo no quiero leerte poesía, 
quiero escribirla en tu piel.
yo no quiero que imagines,
quiero que te estorbe mi ropa.

Yo no quiero que beses mis muslos, 
Ni que acaricies mi pelo,
Yo no quiero que sueñes conmigo, 
Ni que me quites el frío,
Yo no quiero bajarte la luna,
Ni verte dormir,
Yo no quiero que frenes tu vida,
Ni que mueras por mi.

 
Lo que yo quiero es que me beses
Y me dejes en silencio.

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No quieres que te quieran

No dejas que te quieran,
caminas de puntitas por 
las calles vacías pero
sin prisa, 
te quitas el antifaz,
y me llamas antes de llegar,
joder! burlaste la suerte.

 

El vino en tus labios, 
barra libre en tu pecho,
te quedas callado y 
lo único que escucho 
son tus latidos que 
hacen fiesta con la melodía
de tu habitación tan fría.

 

El muro de Adriano
resguardando tu cuerpo,
la guardia Varega 
combatiendo tus miedos,
Eros trepando tu ventana.

 

Te quitas los zapatos y 
Esperas el alba,
abusas del tiempo, 
pareces cansado, 
pienso en abrazarte 
pero el reloj ha marcado las 12,
el semaforo en rojo y
no quieres quedarte.

 

No dejas que te quieran,
te despides sin miedo y
te quejas del tiempo,
Yo en la sala de espera y
tú abordando el próximo tren.
 
Intenso como el frío
viento de Alaska, 
cerril como el mar Egeo, 
intocable como Sirio 
en un cielo nocturno.
Así,

Así eres tú mi amor.

 

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