Yo escribo para recordar

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Muchas personas escriben para olvidar, yo lo hago para recordar.

Es verdad que estamos hechos de cicatrices; unas más profundas que otras. Esas que abrazan la persona que fuiste, las que marcan el camino recorrido y te ponen los pies en la tierra.

Tenía miedo de recordarte pero entendí  que nunca te fuiste por completo, que dejaste un pedacito de ti conmigo, un cachito que me deja ver el cielo con tus ojos. Me hace recordar que hay amores que son para siempre, aunque no vuelvan a tocarse.

Hoy no quería escribir sobre ti, pero descubrí que eres el único que cabe en todos mis poemas.

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Denisse Cuamatzin

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La última vez que te vi

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Estuvimos en silencio un par de minutos sentados en la orilla de la cama, quietos y mirando cada detalle de la habitación; sabíamos que era la última vez que estaríamos ahí… juntos.

Me puse de pie y tome la poca ropa que aún me quedaba en los cajones de su armario.  Si hubieran estado ahí entenderían porque me desborde al ver su rostro y la lagrima que se le escapaba mientras fingía una sonrisa.

Hay veces que aunque el amor no se acabe, está desgastado y un poco roto. En ese momento quemaban más los recuerdos que se nos escapaban de las manos. No intentó detenerme, ni yo quedarme.

Puse estos versos junto a las migajas que nos quedaron, en la maleta de los recuerdos bonitos y los besos secos.

Este era el epílogo de nuestra historia, ni más ni menos. Tomé su mano fría y me despedí.
Lo demás apenas y lo recuerdo, y es que todos decidimos que parte de la historia olvidar para sentirnos menos rotos.

Así es como conviertes a una persona que vio tu pecho abierto en un desconocido. Los corazones dejan de latir al mismo ritmo; como si fuera posible. Le pones candado a cada memoria y apagas las luces. Todas las luces.

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Fuimos un instante

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Sólo fuimos un pequeño instante en nuestras vidas. Una estrella fugaz, una ola, una chispa, un eclipse, un relampago. Estábamos en el lugar correcto pero con el tiempo medido. Fuimos la última canción del bar que sonó antes de media noche.

Tú y yo teníamos que coincidir, para nunca ser. Teníamos que encontrarnos y consumirnos los minutos que un sabio nos regalo.
Así son los amores de paso y a veces no sabemos diferenciarlos, pensamos que la primavera dura todo el año y que la botella de vino nunca tocará fondo.

La culpa es nuestra por creer que el amor dura la vida entera y lo cierto es que a veces tanto acaba en nada. Y que cupido sólo te da una flecha para la persona correcta.

Todos somos extras en la película de alguien, esos actores que sólo aparecen en un escena. Y con los que al final nunca vuelves a coincidir.
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Puntos suspensivos

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Él es una de esas personas con superpoderes. Yo no sabía que sus besos podían frenan el tiempo. Tampoco imaginaba que su mirada tuviera más colores que el arcoíris y que el tono de su piel inspirara tantos versos.

Me volvía loca la forma de sus labios, su gusto por el cine y los libros de ciencia ficción. Y aunque coincidimos en varios idiomas, logramos decir muy poco. Lo conocí con el camino recorrido, con el amor fugado y la libertad entre las manos.Tiene una ganas locas de devorarse el mundo pero también de volar otros cielos.

No tuvimos una historia de amor, ni llegamos lejos. Lo sentía ajeno y cada vez que volvía era volver a empezar para olvidarnos luego. Dicen que hay personas que simplemente no están hechas una para la otra. Es verdad.

Hay que saber cuando marcharse, cuando retirarse del juego. Cuando dejar de ser puntos suspensivos. Porque es más fácil esconder el corazón a tiempo… que salir a recoger los pedazos.
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Denisse Cuamatzin
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Inolvidable

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No tiene nada de malo decir que últimamente nadie me sorprende y pareciera que el objetivo de todos es venderse por fuera sin importar el contenido. Dónde quedaron las pláticas profundas que te doblan el corazón, las preguntas que te cuesta contestar pero te hacen suspirar. Las conversaciones que te erizan la piel. Las que te arrancan una carcajada y te ruborizan las mejillas.
Y es que pensamos que es más importante el cómo me veo que el cómo me siento, sólo mostramos el cascarón manchado de colores. Le ponemos sonrisas a nuestras cicatrices y le llamamos cobarde al amor.
Yo quiero tropezarme con una de esas personas que abren su pecho para que veas todo el océano que llevan dentro, para que mires sus cicatrices y descubras que algunas convinan con las tuyas.
Quiero toparme con alguien que abra las ventanas de sus ojos para leerla por dentro, alguien que mastique el tiempo despacio para sentarse a mi lado antes del que llegue el ocaso.
Alguien que le vea más colores al arcoíris que defectos al corazón. Alguien que odie la monotonía.
Quiero toparme con esa clase de personas que ríen y son magia; esas que son inolvidables.
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Forastero

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Nunca tuviste la intención de quedarte, tu amor es más bien como una brisa de primavera, que se esfuma con el primer rayo de sol.
Un amor entre líneas y párrafos que constantemente termina en puntos suspensivos.

Eres la letra pequeñita del contrato, la aurora del horizonte en pleno invierno. La bocanada de aire que llena tus pulmones por un par de segundos y luego te atraganta.
Eres el beso de cada estación del año, las manos que no encajan con las mías. El antídoto de las noches frías.

Eres la marea que nunca toca puerto, la resaca de fin de semana. La canción de las noches perdidas, un forastero. Eres la estación de tren sin sala de espera.
El amor fugaz que toca profundo pero no se queda.

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Dile

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Dile que desde que se fue tengo el corazón cerrado y en reparación, que no duermo por las noches y cuando lo hago repito su nombre con la voz marchita.
Dile que aquel verano no paro de nevar, que lancé a la chimenea todos sus besos y caricias pero que mis manos se quemaron de tanto intentar.
Dile que deje de frecuentar nuestros lugares favoritos para no tener que toparme con su fantasma y que le puse llave al cajón de las cosas bonitas, esas que me cuesta cargar conmigo.
Dile que tengo resecos los labios y que los besos ajenos saben a pecado. Que deje de temerle a las alturas, y encontré consuelo en Neruda.
Dile que casi lo olvido pero que su recuerdo sabe bonito. Que prefiero sentirlo cicatriz que sentir un vacío.
Dile que para volver a coincidir tendríamos que volver a nacer porque en esta vida le tocó ser poesía.

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Así comienza todo

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Él dijo hola y yo sonreí.
Aquí comienza todo.
Dos desconocidos, un saludo, una mirada.
Una cerveza, una plática, risas y una lista de canciones sin dueño.
Su aliento, manos queriendo tocarse, el corazón acelerado, un beso.
Silencio, el sol rodando en el horizonte y el deseo escondido en los párpados.
Mis versos, sus besos, el tiempo con el papel de cómplice, su piel tostada y las ganas de evaporar las estrellas cuando llegue la noche.
La luna de testigo, sus colores tatuados en las sábanas y un montón de letras queriendo convertirlo en poesía.
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Abuelito Andrés

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Abuelito, te recuerdo inmenso,
fuerte y tan lleno de vida,
recuerdo mirarte y sentirme segura.

Te recuerdo sentado en aquella banca
donde nos narraste grandes historias
de tu arduo camino por la vida,
también donde pasamos horas aprendiendo
juegos y bonitas canciones,
esas que nunca voy a olvidar.

Recuerdo tu voz recia y firme,
me sé de memoria el discurso
que nos dabas antes de reconocer
nuestro esfuerzo con una moneda.
También recuerdo tu risa escandalosa
a la hora del desayuno,
¿Cómo podría olvidarla?
Aún te escucho bajito.

Abue,
la casa ya no se ve como contigo,
ni silba como tú lo hacías,
se siente fría, deshabitada, taciturna,
la madera ya no cruje desde que la música
de tu radio dejó de escucharse,
y estoy segura que los pajaritos dejaron
de cantar porque tú te fuiste.

No cabe duda de que dejaste tu esencia
en cada uno de nosotros,
tú nos enseñaste a luchar y a trabajar duro
por nuestros sueños.
A disfrutar de las simplezas de la vida y a
sentirnos orgullosos de nuestras raíces.
Nos alentaste a practicar basketbol
y a amar la cancha.
A disfrutar de un atardecer en la sierra y a
entender con valentía el arte de vivir.

Estoy segura de que nos volveremos ver y
te contaré que fui poeta,
que solté el balón cuando mis articulaciones
dejaron de responderme y que luche por mis derechos.
Que seguimos los pasos de todas tus enseñanzas y valores,
siempre serás mi más grande ejemplo de vida.

Al final, recuerdo la paz en tu mirada;
se fue con tu último suspiro.
Y donde quiera que estés ahora, quédate
tranquilo, estamos bien,
somos un equipo gracias a ti.
Te amo papá.

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Coincidir

Que prodigioso sería
coincidir contigo
otra vez
y no sólo aquí donde
te he inventado,
ya sé estamos en desventaja,
Paris no está a unos cuantos kilometros.

Pero sabes
conocerte,
conocernos,
no fue en vano,
es algo así como cuando por la
mañana despiertas con el sol en la
cara y te quema la retina,
te cuesta ver
pero sabes que el día esta precioso
y no te lo puedes perder.
Así me pasa contigo,
te tengo clavado en la punta
de mis dedos,
como si fuera sencillo soltarte
y es que la luna
me sorprendió
tocándote,
tocándome,
es lo mismo.

Nunca creí en el destino,
ni lo entiendo
pero siento un deseo incontrolable
de besarte los párpados
y arrancarte la ropa.
La verdad es que no le tengo
miedo al reloj,
y tal vez lo nuestro duré lo que
dura un corto invierno,
pero estoy segura de que será
el invierno con más Lirios.

Quiero terminar de escribir este
poema contigo,
entre las sábanas tibias
entre el vino y tus manos,
entre el silencio y tu voz,
entre tus ojos y los míos
quiero que escribamos
el verso perfecto,
ese que termine en
tu boca.

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