Coincidir

Que prodigioso sería
coincidir contigo
otra vez
y no sólo aquí donde
te he inventado,
ya sé estamos en desventaja,
Paris no está a unos cuantos kilometros.

Pero sabes
conocerte,
conocernos,
no fue en vano,
es algo así como cuando por la
mañana despiertas con el sol en la
cara y te quema la retina,
te cuesta ver
pero sabes que el día esta precioso
y no te lo puedes perder.
Así me pasa contigo,
te tengo clavado en la punta
de mis dedos,
como si fuera sencillo soltarte
y es que la luna
me sorprendió
tocándote,
tocándome,
es lo mismo.

Nunca creí en el destino,
ni lo entiendo
pero siento un deseo incontrolable
de besarte los párpados
y arrancarte la ropa.
La verdad es que no le tengo
miedo al reloj,
y tal vez lo nuestro duré lo que
dura un corto invierno,
pero estoy segura de que será
el invierno con más Lirios.

Quiero terminar de escribir este
poema contigo,
entre las sábanas tibias
entre el vino y tus manos,
entre el silencio y tu voz,
entre tus ojos y los míos
quiero que escribamos
el verso perfecto,
ese que termine en
tu boca.

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Den Cuamatzin

Te amé

Te amé,
te amé desde el  primer momento
en que te vi,
sonreíste;
Nunca creí ver tanto fulgor en una persona
y es que si no lo has notado el mundo
se frena a tu paso,
la luna se esconde entre el celaje
 y tus pupilas

Iluminan la noche.

Te amé cada mañana al despertar
sobre todo cuando abría mis ojos
y tú
ya estas mirándome.
También te ame cuando tus manos
abrigaban mis noches,
esas de las que no tenía control,
las que me ahuyentaban el sueño

y me sacaban a patadas de la cama.

Trazabas sueños
y levantabas murallas
dentro de mis pesadillas.
No, no creas que fue en vano
aprendí a sostenerme con fuerza,
de ti, de mi,

de nosotros.

Te amé profundamente cuando dijiste
que todo estaría bien,
te creí,
te creo,
y como no hacerlo
si me prometiste el mundo entero,
y yo pude ver el universo.

Te amé, te amé en demasía
te amé mientras dormias,
te amé en verano y en invierno,
te amé triste y feliz,
te amé en silencio y a los
cuatro vientos,
te amé inerte y lleno de vida,
te amé simple y complejo,
entero,
descosido,
firme,
te amé valiente,

Fuimos valientes.

Te amé
incluso cuando supe que debía irme
porque tus pasos
y los míos iban hacía lados opuestos
y mis ojos ya no encontraban tu mirada.
Tenia que partir

lo sabes, lo sabemos.

Pero perdí el último tren hacia la estación
del olvido
así que no,
por favor
no me pidas borrarte
que mi tinta y mis manos

aún se saben tu nombre.

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Ya no te recuerdo

Hace mucho que ya no escribo para ti
y no es que te haya olvidado,
es simplemente,
que ya no me quemas,
hace mucho tiempo que ya no me dueles,
lamí mis heridas y me puse Aloe
cada mañana con la venda bien sujeta.
Por las noches he mirado a la luna y
no te he pensado,
ya no me jode que me pregunten por ti,
tampoco que te nombren.

Ya no te he llorado,
ya ni me acuerdo cuando fue la última vez
que lo hice,
y no es que no te lleve dentro,
porque lo hago,
pero ya no me siento tuya de ninguna forma,
ni siquiera me acuerdo del sabor de tus labios,
ni del aroma de tu cuerpo,
se me olvido como te gusta el whisky y
el nombre de tu banda favorita,
volví a jugar black Jack y tú dejaste de
ser mi suerte,
tampoco me acuerdo de tu dirección
o los motivos que nos separaron.
No sé ni como empezaba esa canción que
me compusiste en mi cumpleaños,
si me preguntas no tengo ni puta idea
de donde están las cosas que nunca recogiste.
No tengo motivos para mentirte
se me olvido como se siente tu amor,
A que sabe, como huele,
y es que no me da miedo ya no quererte,
es valido, fuimos tanto.
No tengo miedo a enamorarme de nuevo,
tú me enseñaste que el amor
es el sentimiento más bonito y desgarrante,
que lo entregas todo o nada.

De vez en cuando el viento trae consigo
alguna memoria,
en algún lugar, en algún momento,
por unos cuantos segundos;
y lo único que hago es sonreír,
aunque ese recuerdo sea sobre ti,
ya no importa,
pues el viento ya se lo ha llevado.

 

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Desde esa noche

Aquella mirada tuya, penetrante y profunda
 que me seduce y me devora con
 cada parpadeo,
Que me desviste y consume entre las sabanas
y la melodias de tu habitación a oscuras.

Tus manos tibias besando las mías,
transformando universos al recorrer
las calles de mi piel desnuda,
Me quitas la falda, me deshago
de tu pantalón,
tus dedos víctimas de aquellos rincones
que los dos conocemos y repasamos
una y otra vez hasta fundirnos.

Mirarte a los ojos,
un instante, mientras saboreo
el bendito elixir de tu cuerpo y
me convierto en cenizas.

Entonces, sonrío;
Mis labios apenas te rosan y
la humedad que los acompaña
se desborda,
te beso la espalda,
araño la cama,
mi lengua recorre tu cuerpo
y escribe tu nombre.

Quiero frenar el reloj,
congelo los minutos que pasamos
en tu cama; en silencio;
me drogue con tus besos,
le diste cuerda a estás ganas
de amanecer a tu lado
la mitad de semana
 y los días restantes
 inventándote en estos versos.

Tu piel y mi piel
 desencadenan el infierno,
entre el corredor de mis piernas
y la exquisitez del calor de tus brazos.
Quiero que quieras volver a mi cuerpo
 cada día, cada noche,
 sin tiempo y sin miedo;
  sin preguntas y sin respuestas.

Permíteme confesarte que
me hiciste vibrar,
que despertaste mis demonios
y no te quieren soltar,
que me hiciste reir, cantar y bailar,
que besaste mis labios secos
y olvidados,
que me gusta tu seguridad y simpleza,
Que me encanta tu fuego y
tu forma de besar,
que me diste mil motivos para versarte.

Y desde esa noche quiero descubrirte,
 no sólo en la cama si no en el alma.

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Te confieso

Te confieso que esos 19 días y 500 noches
de las que habla Joaquín Sabina,
ya no me desbordan;
que esa tarde que hice mis maletas
el silencio hizo tanto ruido,
que no escuche mis pasos
cruzando la puerta del olvido.

También te confieso
que aquellas fotos viejas
dejaron de perforar mis pupilas,
que ya no te invento cada noche
y tampoco te imagino en el mañana.
Que ya no miro tu silueta al borde
de mi cama luchando por no caerse,
pues sin notarlo,
hace meses que es primavera.

Aprendí a bailar bajo la lluvia
y por suerte
 a mirarme sin mirarte.

Esta mañana desperte
con los ojos más abiertos que nunca,
con una sonrisa devoradora,
con los labios resecos pero no me dolían,
Con las manos tibias y el alma tranquila;
Con un último suspiro
mancando el punto final.
Entonces;
lo supe,
no me quedaba duda,
Ya te he olvidado.

Pero no tengas miedo mi amor,
que aunque yo ya no te recuerde
 mis versos y mi tinta no te olvidarán.
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