Faltan valientes y sobran cobardes

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Eran las 3 de la mañana.
Me despertaron las sirenas
que se escuchaban a lo lejos.
Tenían ese sonido de
persecución que escuchamos en
las películas de acción.

Les juro que podía escuchar como
rechinaban las llantas
que iban a toda velocidad
y también el crujido
de los pasos que daban los vecinos
hacía la ventana,
que maldita suerte la mía,
la nuestra.

Me quedé recostada imaginando
lo peor, ¿Qué habrá pasado esta noche?
me pregunté mientras me acurrucaba
entre las cobijas para sentirme segura.

Mi país tiene la puta libertad de
jodernos hasta el sueño.

En los noticieros escucho el eco
de las balas perdidas,
de la impunidad
y los gritos de una joven que
fue arrojada al río descuartizada.

Ahora resulta que ser mujer te condena,
que es normal acosarla
y apuñalarla si no abre las piernas.

Hay muchos testigos pero pocas verdades.
No entiendo, no entiendo
¿Por qué hay personas
que sólo vienen a mancharnos de sangre
y arrancarnos la vida?

Y es que hoy la libertad sabe a mentira y
el miedo es el pan de cada día.

Faltan valientes y sobran cobardes,
sobran codardes,
sobran cobardes…
Lo repetí una y otra vez
hasta quedarme dormida.

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– Denisse Cuamatzin

 

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Yo escribo para recordar

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Muchas personas escriben para olvidar, yo lo hago para recordar.

Es verdad que estamos hechos de cicatrices; unas más profundas que otras. Esas que abrazan la persona que fuiste, las que marcan el camino recorrido y te ponen los pies en la tierra.

Tenía miedo de recordarte pero entendí  que nunca te fuiste por completo, que dejaste un pedacito de ti conmigo, un cachito que me deja ver el cielo con tus ojos. Me hace recordar que hay amores que son para siempre, aunque no vuelvan a tocarse.

Hoy no quería escribir sobre ti, pero descubrí que eres el único que cabe en todos mis poemas.

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La última vez que te vi

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Estuvimos en silencio un par de minutos sentados en la orilla de la cama, quietos y mirando cada detalle de la habitación; sabíamos que era la última vez que estaríamos ahí… juntos.

Me puse de pie y tome la poca ropa que aún me quedaba en los cajones de su armario.  Si hubieran estado ahí entenderían porque me desborde al ver su rostro y la lagrima que se le escapaba mientras fingía una sonrisa.

Hay veces que aunque el amor no se acabe, está desgastado y un poco roto. En ese momento quemaban más los recuerdos que se nos escapaban de las manos. No intentó detenerme, ni yo quedarme.

Puse estos versos junto a las migajas que nos quedaron, en la maleta de los recuerdos bonitos y los besos secos.

Este era el epílogo de nuestra historia, ni más ni menos. Tomé su mano fría y me despedí.
Lo demás apenas y lo recuerdo, y es que todos decidimos que parte de la historia olvidar para sentirnos menos rotos.

Así es como conviertes a una persona que vio tu pecho abierto en un desconocido. Los corazones dejan de latir al mismo ritmo; como si fuera posible. Le pones candado a cada memoria y apagas las luces. Todas las luces.

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Puntos suspensivos

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Él es una de esas personas con superpoderes. Yo no sabía que sus besos podían frenan el tiempo. Tampoco imaginaba que su mirada tuviera más colores que el arcoíris y que el tono de su piel inspirara tantos versos.

Me volvía loca la forma de sus labios, su gusto por el cine y los libros de ciencia ficción. Y aunque coincidimos en varios idiomas, logramos decir muy poco. Lo conocí con el camino recorrido, con el amor fugado y la libertad entre las manos.Tiene una ganas locas de devorarse el mundo pero también de volar otros cielos.

No tuvimos una historia de amor, ni llegamos lejos. Lo sentía ajeno y cada vez que volvía era volver a empezar para olvidarnos luego. Dicen que hay personas que simplemente no están hechas una para la otra. Es verdad.

Hay que saber cuando marcharse, cuando retirarse del juego. Cuando dejar de ser puntos suspensivos. Porque es más fácil esconder el corazón a tiempo… que salir a recoger los pedazos.
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Denisse Cuamatzin
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Así comienza todo

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Él dijo hola y yo sonreí.
Aquí comienza todo.
Dos desconocidos, un saludo, una mirada.
Una cerveza, una plática, risas y una lista de canciones sin dueño.
Su aliento, manos queriendo tocarse, el corazón acelerado, un beso.
Silencio, el sol rodando en el horizonte y el deseo escondido en los párpados.
Mis versos, sus besos, el tiempo con el papel de cómplice, su piel tostada y las ganas de evaporar las estrellas cuando llegue la noche.
La luna de testigo, sus colores tatuados en las sábanas y un montón de letras queriendo convertirlo en poesía.
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Me gusta acordarme de ti

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Me gusta acordarme de ti, de nosotros. Pero ya no como una espina que lastima y sangra, sino como una buena canción de amor; esa que te sabes de memoria y la taradeas todo el día, la que repites en varias ocasiones porque te trae buenos recuerdos y te hace sonreír.

Me gusta acordarme de nosotros, porque fuimos valientes; valientes al amarnos como locos y también al déjanos ir. Porque a veces quiere más el que se marcha. El que entiende que es de cobardes quedarse donde queda poco.

Me gusta acordarme de nosotros porque fuimos una bonita fotografía entre miles de paisajes. Un montón de sueños bordados en la funda de la almohada. Fuimos grandes olas de mar que nunca pudieron llegar a la costa. Fuimos el grito más fuerte que al final nos dejó mudos.
Tal vez no te vuelva a ver. Y quizás nunca me pregunten por ti. Pero que bonito es saber que en tus páginas esta escrito mi nombre.

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Te amé

Te amé,
te amé desde el  primer momento
en que te vi,
sonreíste;
Nunca creí ver tanto fulgor en una persona
y es que si no lo has notado el mundo
se frena a tu paso,
la luna se esconde entre el celaje
 y tus pupilas

Iluminan la noche.

Te amé cada mañana al despertar
sobre todo cuando abría mis ojos
y tú
ya estas mirándome.
También te ame cuando tus manos
abrigaban mis noches,
esas de las que no tenía control,
las que me ahuyentaban el sueño

y me sacaban a patadas de la cama.

Trazabas sueños
y levantabas murallas
dentro de mis pesadillas.
No, no creas que fue en vano
aprendí a sostenerme con fuerza,
de ti, de mi,

de nosotros.

Te amé profundamente cuando dijiste
que todo estaría bien,
te creí,
te creo,
y como no hacerlo
si me prometiste el mundo entero,
y yo pude ver el universo.

Te amé, te amé en demasía
te amé mientras dormias,
te amé en verano y en invierno,
te amé triste y feliz,
te amé en silencio y a los
cuatro vientos,
te amé inerte y lleno de vida,
te amé simple y complejo,
entero,
descosido,
firme,
te amé valiente,

Fuimos valientes.

Te amé
incluso cuando supe que debía irme
porque tus pasos
y los míos iban hacía lados opuestos
y mis ojos ya no encontraban tu mirada.
Tenia que partir

lo sabes, lo sabemos.

Pero perdí el último tren hacia la estación
del olvido
así que no,
por favor
no me pidas borrarte
que mi tinta y mis manos

aún se saben tu nombre.

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Desde esa noche

Aquella mirada tuya, penetrante y profunda
 que me seduce y me devora con
 cada parpadeo,
Que me desviste y consume entre las sabanas
y la melodias de tu habitación a oscuras.

Tus manos tibias besando las mías,
transformando universos al recorrer
las calles de mi piel desnuda,
Me quitas la falda, me deshago
de tu pantalón,
tus dedos víctimas de aquellos rincones
que los dos conocemos y repasamos
una y otra vez hasta fundirnos.

Mirarte a los ojos,
un instante, mientras saboreo
el bendito elixir de tu cuerpo y
me convierto en cenizas.

Entonces, sonrío;
Mis labios apenas te rosan y
la humedad que los acompaña
se desborda,
te beso la espalda,
araño la cama,
mi lengua recorre tu cuerpo
y escribe tu nombre.

Quiero frenar el reloj,
congelo los minutos que pasamos
en tu cama; en silencio;
me drogue con tus besos,
le diste cuerda a estás ganas
de amanecer a tu lado
la mitad de semana
 y los días restantes
 inventándote en estos versos.

Tu piel y mi piel
 desencadenan el infierno,
entre el corredor de mis piernas
y la exquisitez del calor de tus brazos.
Quiero que quieras volver a mi cuerpo
 cada día, cada noche,
 sin tiempo y sin miedo;
  sin preguntas y sin respuestas.

Permíteme confesarte que
me hiciste vibrar,
que despertaste mis demonios
y no te quieren soltar,
que me hiciste reir, cantar y bailar,
que besaste mis labios secos
y olvidados,
que me gusta tu seguridad y simpleza,
Que me encanta tu fuego y
tu forma de besar,
que me diste mil motivos para versarte.

Y desde esa noche quiero descubrirte,
 no sólo en la cama si no en el alma.

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