Ya no te recuerdo

Hace mucho que ya no escribo para ti
y no es que te haya olvidado,
es simplemente,
que ya no me quemas,
hace mucho tiempo que ya no me dueles,
lamí mis heridas y me puse Aloe
cada mañana con la venda bien sujeta.
Por las noches he mirado a la luna y
no te he pensado,
ya no me jode que me pregunten por ti,
tampoco que te nombren.

Ya no te he llorado,
ya ni me acuerdo cuando fue la última vez
que lo hice,
y no es que no te lleve dentro,
porque lo hago,
pero ya no me siento tuya de ninguna forma,
ni siquiera me acuerdo del sabor de tus labios,
ni del aroma de tu cuerpo,
se me olvido como te gusta el whisky y
el nombre de tu banda favorita,
volví a jugar black Jack y tú dejaste de
ser mi suerte,
tampoco me acuerdo de tu dirección
o los motivos que nos separaron.
No sé ni como empezaba esa canción que
me compusiste en mi cumpleaños,
si me preguntas no tengo ni puta idea
de donde están las cosas que nunca recogiste.
No tengo motivos para mentirte
se me olvido como se siente tu amor,
A que sabe, como huele,
y es que no me da miedo ya no quererte,
es valido, fuimos tanto.
No tengo miedo a enamorarme de nuevo,
tú me enseñaste que el amor
es el sentimiento más bonito y desgarrante,
que lo entregas todo o nada.

De vez en cuando el viento trae consigo
alguna memoria,
en algún lugar, en algún momento,
por unos cuantos segundos;
y lo único que hago es sonreír,
aunque ese recuerdo sea sobre ti,
ya no importa,
pues el viento ya se lo ha llevado.

 

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Desde esa noche

Aquella mirada tuya, penetrante y profunda
 que me seduce y me devora con
 cada parpadeo,
Que me desviste y consume entre las sabanas
y la melodias de tu habitación a oscuras.

Tus manos tibias besando las mías,
transformando universos al recorrer
las calles de mi piel desnuda,
Me quitas la falda, me deshago
de tu pantalón,
tus dedos víctimas de aquellos rincones
que los dos conocemos y repasamos
una y otra vez hasta fundirnos.

Mirarte a los ojos,
un instante, mientras saboreo
el bendito elixir de tu cuerpo y
me convierto en cenizas.

Entonces, sonrío;
Mis labios apenas te rosan y
la humedad que los acompaña
se desborda,
te beso la espalda,
araño la cama,
mi lengua recorre tu cuerpo
y escribe tu nombre.

Quiero frenar el reloj,
congelo los minutos que pasamos
en tu cama; en silencio;
me drogue con tus besos,
le diste cuerda a estás ganas
de amanecer a tu lado
la mitad de semana
 y los días restantes
 inventándote en estos versos.

Tu piel y mi piel
 desencadenan el infierno,
entre el corredor de mis piernas
y la exquisitez del calor de tus brazos.
Quiero que quieras volver a mi cuerpo
 cada día, cada noche,
 sin tiempo y sin miedo;
  sin preguntas y sin respuestas.

Permíteme confesarte que
me hiciste vibrar,
que despertaste mis demonios
y no te quieren soltar,
que me hiciste reir, cantar y bailar,
que besaste mis labios secos
y olvidados,
que me gusta tu seguridad y simpleza,
Que me encanta tu fuego y
tu forma de besar,
que me diste mil motivos para versarte.

Y desde esa noche quiero descubrirte,
 no sólo en la cama si no en el alma.

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