Abuelito Andrés

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Abuelito, te recuerdo inmenso,
fuerte y tan lleno de vida,
recuerdo mirarte y sentirme segura.

Te recuerdo sentado en aquella banca
donde nos narraste grandes historias
de tu arduo camino por la vida,
también donde pasamos horas aprendiendo
juegos y bonitas canciones,
esas que nunca voy a olvidar.

Recuerdo tu voz recia y firme,
me sé de memoria el discurso
que nos dabas antes de reconocer
nuestro esfuerzo con una moneda.
También recuerdo tu risa escandalosa
a la hora del desayuno,
¿Cómo podría olvidarla?
Aún te escucho bajito.

Abue,
la casa ya no se ve como contigo,
ni silba como tú lo hacías,
se siente fría, deshabitada, taciturna,
la madera ya no cruje desde que la música
de tu radio dejó de escucharse,
y estoy segura que los pajaritos dejaron
de cantar porque tú te fuiste.

No cabe duda de que dejaste tu esencia
en cada uno de nosotros,
tú nos enseñaste a luchar y a trabajar duro
por nuestros sueños.
A disfrutar de las simplezas de la vida y a
sentirnos orgullosos de nuestras raíces.
Nos alentaste a practicar basketbol
y a amar la cancha.
A disfrutar de un atardecer en la sierra y a
entender con valentía el arte de vivir.

Estoy segura de que nos volveremos ver y
te contaré que fui poeta,
que solté el balón cuando mis articulaciones
dejaron de responderme y que luche por mis derechos.
Que seguimos los pasos de todas tus enseñanzas y valores,
siempre serás mi más grande ejemplo de vida.

Al final, recuerdo la paz en tu mirada;
se fue con tu último suspiro.
Y donde quiera que estés ahora, quédate
tranquilo, estamos bien,
somos un equipo gracias a ti.
Te amo papá.

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Cuando te pienso

Hace un par de días saque del
closet aquella cajita donde guardo
nuestras fotos viejas.
Ya sé, no debí hacerlo
te estuve contemplando por
un par de  minutos

y luego me solte a llorar.

Aún sigo creyendo que tienes la
sonrisa más bonita,
esos labios tan rojos
que me quitan el aliento
y tus ojos,
que bonitos ojos tienes,
siempre me sentí inmensa

cuando me miraban.

No pude ver todas tus fotos
y es que si me detengo a pensarte
terminas por no caberme en

el pecho.

Que fácil sería prenderle fuego
 a cada recuerdo
y que por arte de magia también
te volvieras ceniza.
Así no tendría que doler

cuando te pienso.

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Coincidir

Que prodigioso sería
coincidir contigo
otra vez
y no sólo aquí donde
te he inventado,
ya sé estamos en desventaja,
Paris no está a unos cuantos kilometros.

Pero sabes
conocerte,
conocernos,
no fue en vano,
es algo así como cuando por la
mañana despiertas con el sol en la
cara y te quema la retina,
te cuesta ver
pero sabes que el día esta precioso
y no te lo puedes perder.
Así me pasa contigo,
te tengo clavado en la punta
de mis dedos,
como si fuera sencillo soltarte
y es que la luna
me sorprendió
tocándote,
tocándome,
es lo mismo.

Nunca creí en el destino,
ni lo entiendo
pero siento un deseo incontrolable
de besarte los párpados
y arrancarte la ropa.
La verdad es que no le tengo
miedo al reloj,
y tal vez lo nuestro duré lo que
dura un corto invierno,
pero estoy segura de que será
el invierno con más Lirios.

Quiero terminar de escribir este
poema contigo,
entre las sábanas tibias
entre el vino y tus manos,
entre el silencio y tu voz,
entre tus ojos y los míos
quiero que escribamos
el verso perfecto,
ese que termine en
tu boca.

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Te amé

Te amé,
te amé desde el  primer momento
en que te vi,
sonreíste;
Nunca creí ver tanto fulgor en una persona
y es que si no lo has notado el mundo
se frena a tu paso,
la luna se esconde entre el celaje
 y tus pupilas

Iluminan la noche.

Te amé cada mañana al despertar
sobre todo cuando abría mis ojos
y tú
ya estas mirándome.
También te ame cuando tus manos
abrigaban mis noches,
esas de las que no tenía control,
las que me ahuyentaban el sueño

y me sacaban a patadas de la cama.

Trazabas sueños
y levantabas murallas
dentro de mis pesadillas.
No, no creas que fue en vano
aprendí a sostenerme con fuerza,
de ti, de mi,

de nosotros.

Te amé profundamente cuando dijiste
que todo estaría bien,
te creí,
te creo,
y como no hacerlo
si me prometiste el mundo entero,
y yo pude ver el universo.

Te amé, te amé en demasía
te amé mientras dormias,
te amé en verano y en invierno,
te amé triste y feliz,
te amé en silencio y a los
cuatro vientos,
te amé inerte y lleno de vida,
te amé simple y complejo,
entero,
descosido,
firme,
te amé valiente,

Fuimos valientes.

Te amé
incluso cuando supe que debía irme
porque tus pasos
y los míos iban hacía lados opuestos
y mis ojos ya no encontraban tu mirada.
Tenia que partir

lo sabes, lo sabemos.

Pero perdí el último tren hacia la estación
del olvido
así que no,
por favor
no me pidas borrarte
que mi tinta y mis manos

aún se saben tu nombre.

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Ya no te recuerdo

Hace mucho que ya no escribo para ti
y no es que te haya olvidado,
es simplemente,
que ya no me quemas,
hace mucho tiempo que ya no me dueles,
lamí mis heridas y me puse Aloe
cada mañana con la venda bien sujeta.
Por las noches he mirado a la luna y
no te he pensado,
ya no me jode que me pregunten por ti,
tampoco que te nombren.

Ya no te he llorado,
ya ni me acuerdo cuando fue la última vez
que lo hice,
y no es que no te lleve dentro,
porque lo hago,
pero ya no me siento tuya de ninguna forma,
ni siquiera me acuerdo del sabor de tus labios,
ni del aroma de tu cuerpo,
se me olvido como te gusta el whisky y
el nombre de tu banda favorita,
volví a jugar black Jack y tú dejaste de
ser mi suerte,
tampoco me acuerdo de tu dirección
o los motivos que nos separaron.
No sé ni como empezaba esa canción que
me compusiste en mi cumpleaños,
si me preguntas no tengo ni puta idea
de donde están las cosas que nunca recogiste.
No tengo motivos para mentirte
se me olvido como se siente tu amor,
A que sabe, como huele,
y es que no me da miedo ya no quererte,
es valido, fuimos tanto.
No tengo miedo a enamorarme de nuevo,
tú me enseñaste que el amor
es el sentimiento más bonito y desgarrante,
que lo entregas todo o nada.

De vez en cuando el viento trae consigo
alguna memoria,
en algún lugar, en algún momento,
por unos cuantos segundos;
y lo único que hago es sonreír,
aunque ese recuerdo sea sobre ti,
ya no importa,
pues el viento ya se lo ha llevado.

 

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Desde esa noche

Aquella mirada tuya, penetrante y profunda
 que me seduce y me devora con
 cada parpadeo,
Que me desviste y consume entre las sabanas
y la melodias de tu habitación a oscuras.

Tus manos tibias besando las mías,
transformando universos al recorrer
las calles de mi piel desnuda,
Me quitas la falda, me deshago
de tu pantalón,
tus dedos víctimas de aquellos rincones
que los dos conocemos y repasamos
una y otra vez hasta fundirnos.

Mirarte a los ojos,
un instante, mientras saboreo
el bendito elixir de tu cuerpo y
me convierto en cenizas.

Entonces, sonrío;
Mis labios apenas te rosan y
la humedad que los acompaña
se desborda,
te beso la espalda,
araño la cama,
mi lengua recorre tu cuerpo
y escribe tu nombre.

Quiero frenar el reloj,
congelo los minutos que pasamos
en tu cama; en silencio;
me drogue con tus besos,
le diste cuerda a estás ganas
de amanecer a tu lado
la mitad de semana
 y los días restantes
 inventándote en estos versos.

Tu piel y mi piel
 desencadenan el infierno,
entre el corredor de mis piernas
y la exquisitez del calor de tus brazos.
Quiero que quieras volver a mi cuerpo
 cada día, cada noche,
 sin tiempo y sin miedo;
  sin preguntas y sin respuestas.

Permíteme confesarte que
me hiciste vibrar,
que despertaste mis demonios
y no te quieren soltar,
que me hiciste reir, cantar y bailar,
que besaste mis labios secos
y olvidados,
que me gusta tu seguridad y simpleza,
Que me encanta tu fuego y
tu forma de besar,
que me diste mil motivos para versarte.

Y desde esa noche quiero descubrirte,
 no sólo en la cama si no en el alma.

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Mis brazos necios

No es el sabor de tus labios,
ni la perfección de tus manos,
no es el color de tu piel y
mucho menos el brillo en
tus ojos,
no es la tinta en tus brazos,
ni tu voz, ni tu olor.
No es tu pelo oscuro,
ni tu espalda, ni tu sexo.
no es tu lengua trazando senderos
en las curvas mi piel desnuda,
ni tu pecho, ni tu boca.
No es tu aliento
estremeciendo mis sentidos,
ni tus pies descalzos.
no es el fuego de nuestros cuerpos,

ni el infiernos que desataron.

No son estos brazos necios,

Ni mi papel ni mi tinta.

… Es la manera en que te

transformaste en poesía…

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Te confieso

Te confieso que esos 19 días y 500 noches
de las que habla Joaquín Sabina,
ya no me desbordan;
que esa tarde que hice mis maletas
el silencio hizo tanto ruido,
que no escuche mis pasos
cruzando la puerta del olvido.

También te confieso
que aquellas fotos viejas
dejaron de perforar mis pupilas,
que ya no te invento cada noche
y tampoco te imagino en el mañana.
Que ya no miro tu silueta al borde
de mi cama luchando por no caerse,
pues sin notarlo,
hace meses que es primavera.

Aprendí a bailar bajo la lluvia
y por suerte
 a mirarme sin mirarte.

Esta mañana desperte
con los ojos más abiertos que nunca,
con una sonrisa devoradora,
con los labios resecos pero no me dolían,
Con las manos tibias y el alma tranquila;
Con un último suspiro
mancando el punto final.
Entonces;
lo supe,
no me quedaba duda,
Ya te he olvidado.

Pero no tengas miedo mi amor,
que aunque yo ya no te recuerde
 mis versos y mi tinta no te olvidarán.
.

Déjame en silencio

Yo no quiero que te quedes
a mi lado los viernes por la noche,
quiero hacer de tus domingos 
un viaje sin regreso.
 
Yo no quiero verte una vez
por semana, 
quiero que me extrañes tanto 
que tus manos dibujen el camino
hasta tu boca.
 
Yo no te quiero para toda la vida,
quiero que te quedes todo lo 
que quieras, 
sin medida, 
sin tiempo, sin miedo, 
sin condiciones
sin regreso.
 
Yo no quiero hacerte el amor,
quiero que el amor
 nos haga a nosotros.
 
Yo no quiero enamorarte, 
quiero ser la razón de tu 
felicidad, 
que te rias a carcajadas,
que subas, que bajes, 
que te guste mi sonrisa, 
que te pongas nervioso, 
que no le temas al tiempo,
ni a mis besos. 
 
Yo no quiero ser tu cárcel, 
quiero ser la única mujer
con la que te sientas libre.

 
Yo no quiero detenerte, 
quiero que te vayas cuando
no encuentres más motivos
para quedarte,
que desafíes al miedo,
que juegues con el tiempo,
que maldigas estos versos.

 
Yo no quiero contarte mi vida, 
quiero que escribas la tuya a mi lado,
que dibujes un sendero en el túnel 
de mis piernas, 
y lo recorras para encontrarte 
cada noche.

Yo no quiero leerte poesía, 
quiero escribirla en tu piel.
yo no quiero que imagines,
quiero que te estorbe mi ropa.

Yo no quiero que beses mis muslos, 
Ni que acaricies mi pelo,
Yo no quiero que sueñes conmigo, 
Ni que me quites el frío,
Yo no quiero bajarte la luna,
Ni verte dormir,
Yo no quiero que frenes tu vida,
Ni que mueras por mi.

 
Lo que yo quiero es que me beses
Y me dejes en silencio.

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Ven a dormir conmigo

  • Quédate esta noche
Ven a dormir conmigo,
la noche esta fría y las sabanas
huelen a Jazmin.
he preparado la cena
con velitas para dos,
me pongo el vestido más bonito,
con el que te gusta verme descalza
por los pasillos de tu casa,
aquel que desabrochas a
media noche
para curarme del frío que
enchina las costuras.

Me veo al espejo sin mirarme,
que me importa peinarme
si me has dicho que te gusta
mi pelo alborotado y que
el brillo mis ojos combina
con el rojo intenso de

Mis labios.

He puesto de fondo
a Michael Bublé,
he quitado el festón
de las ventanillas,
quiero que la luna
sea testigo de esta noche.
Coloque el centro de
mesa con agüita de amapola,
la forma más egoista de

seducir la madrugada.

Aún no has llegado y ya
he bordado un muro
entre mis manos y el deseo
de tocarte como nunca
lo han hecho,
he tomado una copa
de vino tinto,
para sentirme valiente
cuando te acerques y

beses mi frente.

Ocho menos diez
me he sentado en el
balcón,
te veo venir a lo lejos,
caminas como si supieras
que el mundo fue construido
para ti,
pintando las calles de colores,
como tiñes mis días,
haces que mis pupilas
se dilaten y que tus huellas
emanen fuego para no dejar

de mirarte.

Me he puesto nerviosa,
respiro profundo,
me pregunto qué pudiste
haber hecho tan bien para
acelerar mi pulso y cerrar mi
garganta,
para hacerme sentirme viva y
la chica más linda.
cruzas la puerta,
me miras como si
yo fuera la única aurora
del horizonte,
agradeces mi existencia
Y me dices que a travez de

mis ojos puedes ver el infinito.

Me quito las bragas
y el miedo termina
donde empiezan tus
caricias,
te hablo al oído y
repites mi nombre,
he dibujado un corazón
en tu espalda,
sacas tu lado tierno y
salvaje,
muerdes mi angustia,
sacudes mis nervios,
ahí me tienes,
tan tuya,
entonces caigo rendida
entre tus brazo,
completa sobre tu pecho,
desnuda,
frágil ,
viva,

feliz.

Pero nada de eso importa
yo sólo quiero que

te quedes esta noche.

 

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